jueves, 9 de marzo de 2017

Adios... Padres!



Y si alguien se motivara a grabar en uno de esos documentales que salen ahora por cable, sobre los conflictos sociales en países tercermundistas perdidos en el olvido. No podría diferenciar entre quien estaría herida, si mi madre o yo. Puesto que la sangre nos cubría a las dos por igual. Pero dadas las posiciones de nuestros cuerpos lo sabría por lógica. Decirle a alguien que amas que todo va estar bien, cuando no es verdad, es muy duro. Yo veía llorar a mi madre en mis brazos y lagrima por lágrima, su vida se le escapaba. Lagrima por lágrima, en su ropa ensangrentada. 

Sus ojos, volvían a ser los mismos como cuando los abrió por vez primera en esta tierra. Al fin y al cabo, cuando estamos a punto de morir, volvemos a ser como un bebe recién nacido. Y eso era exactamente lo que estaba pasando. Mi madre, estaba muriendo en mis brazos por una bala de los insurgentes. 

De mi padre, hace meses no sé nada. Al irse en contra de  todos los ideales que sus padres y abuelos le inculcaron desde pequeño, los insurgentes lo vieron como una amenaza. ¿Ideales? ¡Dios mío! la noche que lo atraparon; fue a verse con dos de sus compañeros en quienes más confiaba. Dudo mucho que esté vivo. Conociendo el modo de operar de los insurgentes, lo habrán torturado durante días, y como consecuencia; moriría desangrado a causa de sus heridas.

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