Nací,
crecí y viví en la margen izquierda del rio Nervión. Y como todos los que allí
nacimos, solo pesares y desdichas rodearon nuestras vidas. Nos enseñaron a
soportar y a tener miedo a la ley. Desamparados, desde muy pequeños, las únicas
muestras de amor que recibimos por parte de la ley, fueron golpes y más golpes.
Mi pueblo a diferencia de nuestros hermanos que nacieron en la margen derecha,
que lo tuvieron todo; crecimos entre dificultades, pobreza y opresión.
Desde
que nacimos, a los jóvenes de la margen izquierda se nos enseñó que debíamos
resistir, si a resistir. Encerrados en el olvido vivieron nuestros padres,
soportando la opresión de los dueños de las fábricas, las cuales abarcaban el
80% de nuestro territorio. El Nervión es una nación dividida por un rio. Pero
este gran rio, no solo la divide en dos, sino que reparte la pobreza en un lado
y la riqueza en el otro.
Del
lado izquierdo del rio solo vivíamos los desheredados. Un reflejo muy distinto
se veía al otro lado. Allí, convivía la clase alta, el pueblo elegido por Dios.
Nuestros padres y nuestros abuelos, fueron brutalmente explotados por medio de
un trabajo forzoso a cambio de nada. Esta vil explotación fue creando poco a
poco, un espíritu de rebelión que buscaba, algún día, romper las cadenas con
las que nació nuestro pueblo.
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